Qué pasa cuando estás cansado de ser feliz: cómo la psique sabotea el bienestar en pareja

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Todo parece ir bien: no hay peleas, comprensión mutua, estabilidad.

Pero un extraño e inexplicable anhelo surge en el interior, y la propia mano se alarga para iniciar un escándalo en un lugar vacío o para distanciarse en silencio, informa el corresponsal de .

No se trata de ingratitud, sino de un complejo mecanismo de la psique, que a menudo confunde la felicidad tranquila con una peligrosa zona de confort, de la que hay que escapar para «despertar». Las raíces de esto suelen estar en la infancia, donde el amor no se asociaba a la seguridad, sino a la tensión: había que ganar, luchar, sufrir.

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El bienestar del adulto tranquilo parece sospechoso, el cerebro está esperando una trampa. Y para volver a la rutina conocida, aunque dolorosa, empieza inconscientemente a crear problemas, provocar conflictos o enfriarse.

Los psicólogos llaman a esto «huir del éxito». La persona teme inconscientemente no ser merecedora de tan buen trato, o que vengan represalias, o que sea aburrido.

El sabotaje se convierte en una forma de autocastigo y de volver a un nivel familiar de estrés que, de algún modo, se percibe como más «real» y seguro. La opinión de los expertos coincide en una cosa: darse cuenta de este mecanismo ya es la mitad del camino para superarlo.

Es importante que te sorprendas a ti mismo en el momento en que quieres meter la pata y te preguntes: «¿Qué estoy sintiendo realmente en este momento? ¿Tengo miedo? ¿estoy aburrido? ¿No creo que esto vaya a durar?». Una respuesta sincera te permite separar el momento actual del antiguo dolor.

La experiencia personal de quienes han aprendido a aceptar el bienestar sugiere la necesidad de reaprender su sistema nervioso. Darse permiso para recibir el amor tal y como es, sin examen ni sufrimiento.

Esto lleva tiempo y la práctica de la autocompasión, con la que calmas tu ansiedad interior en lugar de buscar razones para validarla en el mundo exterior. Cuando dejas de sabotear tu felicidad, no sólo hay paz, sino una alegría profunda y tranquila en las relaciones.

Aprendes a disfrutar del momento sin esperar un golpe por la espalda. Y esa sensación de seguridad se convierte en la base sobre la que puedes construir cualquier cosa: ya no provoca pánico, sino que te da la fuerza para crecer de verdad.

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