Qué ocurre si perdonas lo mismo una y otra vez: por qué los ciclos de disculpas destruyen la confianza más rápido que el cambio

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Os peleáis, él se disculpa, tú perdonas. Un mes después, la historia se repite.

Estos ciclos de «transgresión – disculpa – perdón» son como un disco rayado que al final deja de significar nada, según el corresponsal de .

Las palabras de disculpa pierden peso, y el perdón no se convierte en un acto de misericordia, sino en una formalidad cansada que oculta una creciente montaña de desconfianza. El peligro de estos ciclos es la ilusión de resolución.

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Parece que, como se han pedido disculpas, el conflicto ha terminado. Pero si el comportamiento no cambia, significa que no se ha tocado la raíz del problema. Las disculpas se convierten en moneda barata, que el interlocutor utiliza para pagar el derecho a volver a cometer el mismo error, sin asumir las consecuencias reales.

Los psicólogos dicen que, tras un cierto número de repeticiones, se produce una «bancarrota emocional». Ya no puedes creer en la sinceridad del arrepentimiento.

La confianza, cuando se rompe y se pega una y otra vez, se vuelve como porcelana quebradiza cubierta de una telaraña de grietas y se desmorona al menor roce. Los expertos en conflictos insisten en que una verdadera disculpa tiene tres partes: arrepentimiento, responsabilidad y un plan de corrección.

Si no hay una tercera parte, no es una disculpa, sino una manipulación para tapar el escándalo. La pregunta no debe ser «¿te disculpas?», sino «¿qué vas a hacer para que no vuelva a ocurrir?».

La experiencia personal de quienes han roto el círculo vicioso suele implicar la difícil decisión de dejar de perdonar de boquilla. Uno tuvo que decir: «Escucho tus disculpas, pero ahora es más importante para mí ver el cambio».

Hagamos una pausa en esta conversación y volvamos a ella cuando puedas ofrecer una solución». Es doloroso, pero es la única forma de parar el tiovivo.

A veces, los ciclos del perdón se esconden detrás de una falta de voluntad para ver el problema en su conjunto. Perdonar una transgresión concreta es más fácil que admitir que vives con alguien que es crónicamente irrespetuoso o irresponsable, por ejemplo.

Al centrarte en los detalles, evitas la cuestión principal: ¿estás dispuesto a soportar esta cualidad en principio? Si tu pareja comete los mismos errores una y otra vez, quizá se sienta cómoda con esta dinámica.

Ha recibido su parte de culpa, se le ha perdonado: el incidente ha terminado hasta la próxima vez. Sólo tú puedes romper el ciclo negándote a seguir estas reglas y exigiendo un cambio real, no palabras rituales.

Cuando el perdón deja de ser automático y se convierte en una elección consciente basada en acciones y no en promesas, la relación adquiere una seriedad saludable.

Dejas claro que tu confianza y tus límites no son un juguete. Y o tu pareja empieza a apreciarlo o la relación termina, lo que en ese caso también es una liberación.

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