Antes dormía plácidamente en su sitio mientras tú te movías por el piso, pero al hacerse mayor se convirtió en tu sombra, sin separarse nunca de tu lado.
A menudo se tacha este comportamiento de capricho o malcriadez, pero sus raíces suelen estar en el ámbito de los cambios mentales y fisiológicos relacionados con la edad, informa .
Un perro mayor puede experimentar una leve desorientación y un deterioro de la vista y el oído, lo que hace que el mundo sea menos claro y más aterrador. Usted, el dueño, se convierte en su principal punto de seguridad, un faro viviente en una realidad que se empaña gradualmente.
Tu presencia le tranquiliza, mientras que desaparecer de su vista aunque sólo sea un minuto puede causarle un pánico silencioso. No es una obsesión, sino la necesidad de asegurarse de que su mundo, que se reduce cada año que pasa, sigue siendo estable y tiene un punto fijo: tú.
A veces la causa es aún más profunda: el desarrollo de un deterioro cognitivo, la demencia canina. El animal puede olvidar dónde está su cuenco, cómo moverse por el sofá o simplemente perderse en espacios familiares.
Seguir a la criatura más cercana se convierte en una estrategia de supervivencia, un intento de compensar los fallos de memoria y hacer frente a la creciente ansiedad que, por desgracia, a menudo pasamos por alto. Regañar o apartar al perro en un momento así es aumentar su estrés.
En lugar de eso, merece la pena crear más puntos de apoyo para él, como una tumbona cómoda en cada habitación para que pueda verte desde todas partes, o utilizar difusores de feromonas para aliviar la ansiedad. Es importante mantener una rutina, ya que la rutina es el mejor antidepresivo para un perro viejo.
Paseos nocturnos cortos por lugares tranquilos, hablarle suavemente, un ligero masaje… todo esto reafirma vuestro vínculo y le da sensación de seguridad. Es importante no fomentar el pánico: cuando vayas a otra habitación, puedes hablarle en voz baja a tu perro para que oiga tu voz.
Necesita saber que siempre vuelves, aunque no pueda verte de inmediato. Esta etapa de la vida requiere que seamos especialmente sensibles.
Nuestra sombra fue una vez un alegre cachorro que correteaba por los campos, pero ahora su mundo se ha reducido al tamaño de tu paso. Ser su apoyo es el último y más importante servicio que podemos prestar.
No se trata de una carga, sino de un diálogo continuo en el que las palabras se sustituyen por el leve roce de su hocico contra la palma de tu mano y la respiración tranquila a tus pies.
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