Por qué tus músculos no sólo necesitan el gimnasio, sino también un «reloj interno» adecuado: gimnasia molecular contra la sarcopenia

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Solíamos pensar que el envejecimiento muscular era una pérdida inevitable de fuerza y volumen a partir de los 40 que podíamos soportar.

Pero los científicos han mirado en el interior de las células musculares y han descubierto un reloj molecular que puede ponerse a cero, informa .

Se trata del complejo proteínico mTORC1, que con los años se descontrola y empieza a acumular restos celulares en lugar de reciclarlos. Un papel clave en esta descomposición lo desempeña el gen DEAF1, cuya actividad aumenta con la edad.

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Cuando el sistema de control a través de las proteínas FOXO se debilita, el gen DEAF1 hace bascular mTORC1 y los músculos pierden su capacidad de renovarse, llenándose de proteínas dañadas. Esto no es sólo bioquímica, sino la causa de la propia debilidad en las piernas y la fatiga rápida.

El ejercicio ha demostrado ser un potente «regulador» de este reloj interno. Durante el esfuerzo, reducen la actividad del gen DEAF1, ayudando a los músculos a deshacerse eficientemente de las viejas proteínas no funcionales de nuevo.

Esto explica por qué las personas entrenadas conservan la agilidad y la fuerza incluso a una edad venerable. Pero la respuesta molecular al ejercicio es individualizada.

En algunas personas mayores, el sistema FOXO está tan debilitado que ni siquiera el ejercicio regular puede «domar» completamente la DEAF1. Esta es la explicación científica de por qué dos personas de la misma edad que realizan el mismo programa obtienen resultados diferentes.

Desde una perspectiva antienvejecimiento, la actividad física es un potente «fármaco» con múltiples puntos de aplicación. No sólo actúa a nivel muscular, sino también como medicamento sistémico, desencadenando procesos de autofagia -limpieza de células de desechos- incluso en las células del corazón.

Las actividades aeróbicas como caminar o nadar no son sólo cardiovasculares, sino que reparan el sistema vascular desde dentro hacia fuera. Mejoran la función endotelial, estimulan el crecimiento de nuevos capilares y hacen que los vasos sanguíneos sean más elásticos, combatiendo la rigidez relacionada con la edad.

El corazón y los músculos reciben más oxígeno y nutrientes. Los músculos funcionan como un órgano endocrino durante la contracción, liberando sustancias especiales llamadas mioquinas.

Tienen efectos antiinflamatorios, mejoran el metabolismo en el tejido adiposo y el hígado, e incluso tienen un efecto positivo en el cerebro. Cada movimiento envía señales curativas a todo el cuerpo.

Merece la pena prestar especial atención al entrenamiento de fuerza. El entrenamiento progresivo de la fuerza es la principal señal anabólica para los músculos, que no puede ser sustituida por ningún suplemento.

Es lo que crea la tensión que hace crecer los músculos y fortalece los huesos. El yoga y los estiramientos no sólo sirven para aumentar la flexibilidad.

A medida que envejecemos, el tejido conjuntivo pierde elasticidad y la coordinación se deteriora, lo que aumenta el riesgo de caídas. La práctica regular ayuda a mantener la propiocepción -la sensación corporal de espacio-, que es fundamental para la seguridad y la calidad de vida.

Un enfoque antienvejecimiento empieza por el diagnóstico. Los especialistas modernos evalúan no sólo el aspecto físico, sino también la composición corporal, la fuerza de agarre con un dinamómetro e incluso los parámetros cardiovasculares. Esto permite seleccionar una carga no a ojo, sino como terapia precisa.

El sueño de los científicos es aprender a reproducir los beneficios del ejercicio a nivel molecular, afectando a los mismos genes y proteínas. Pero hasta ahora no se ha inventado tal «cura para la vejez», la única herramienta de trabajo es el movimiento, elegido sabia y regularmente.

No hace falta empezar con maratones o pesas pesadas. Empieza con media hora diaria de paseo a ritmo moderado y dos sesiones semanales de entrenamiento de fuerza con tu propio peso corporal o con mancuernas ligeras. La constancia es más importante que el heroísmo.

Tus músculos no son sólo carne, sino una compleja fábrica bioquímica que espera la orden de actuar. Al darle una carga regular y variada, no sólo estás bombeando tus bíceps, sino que estás reiniciando tus programas de juventud al nivel más profundo.

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