Sales corriendo de casa con un rápido «adiós» y ni siquiera miras atrás.
O, por el contrario, retrasas la salida durante quince minutos en conversaciones incoherentes, informa el corresponsal de .
La forma en que te despides por la mañana marca la pauta de todo el día y de cómo te reunirás por la noche. Un ritual de despedida consciente, aunque breve, no es una mera formalidad, sino una forma de dejar en el otro un ancla emocional que brillará silenciosamente en la separación.
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Puede ser un beso especial, un breve abrazo con las palabras «cuídate», una mirada conjunta por la ventanilla mientras se sube al coche. La cuestión es que esta acción sea un ritual, repetitivo, significativo y lleno de atención.
Envía un mensaje claro al cerebro y al corazón: nuestra conexión está rota pero no cortada, me voy pero vuelvo. Los psicólogos han observado que estos microrituales reducen la ansiedad, sobre todo en parejas con distintos niveles de apego ansioso.
Crean previsibilidad y una sensación de control sobre el momento de la separación. No desapareces sin más en ninguna parte, sino que realizas un acto comprensible y consumado, seguido de un regreso comprensible.
Los expertos en dinámica familiar observan que la calidad de la bienvenida suele nacer de la calidad de la despedida. Si os fuisteis ignorándoos, hará falta tiempo por la noche para volver a «conectar».
Si, por el contrario, dejasteis una cálida huella el uno en el otro, el encuentro se convierte en una continuación natural de la mañana, en lugar de un intento de empezar con una pizarra limpia pero fría.
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