Por qué necesitamos pelearnos por cosas sin importancia: cómo las discusiones por tonterías nos evitan hablar de las cosas más importantes

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Discutes acaloradamente sobre qué programa de televisión ver o el orden en que debes poner los platos en la secadora.

El tema de la discusión es ridículo, pero el calor de la pasión es muy real, informa el corresponsal de .

A menudo, estas batallas microscópicas son una forma segura de desahogarse que se ha acumulado sobre algo más serio pero demasiado doloroso para discutir. Es como un pararrayos de alta tensión.

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Plantear cuestiones fundamentales da miedo: sobre la insatisfacción en la cama, sobre la decepción en la carrera profesional de tu pareja, sobre el aburrimiento. Es mucho más seguro volcar la irritación acumulada en una discusión sobre quién no sacó la basura.

El cerebro elige una razón concreta y comprensible para evitar enfrentarse a un problema existencial abstracto y aterrador. Los psicólogos lo consideran un mecanismo de desplazamiento.

No estás enfadado por tus calcetines dispersos, sino por el hecho de que te sientes desoído en cuestiones más importantes. Pero como parece arriesgado expresarlo directamente, el enfado encuentra la salida más accesible e inocua. El conflicto se convierte en una parodia del verdadero problema.

Los expertos aconsejan que, en medio de discusiones tan absurdas, hagas una pausa y te preguntes: «¿De qué quiero hablar realmente ahora mismo?». La respuesta puede sorprenderte: «Sobre el hecho de que hemos dejado completamente de pasar tiempo juntos» o «Sobre el hecho de que me siento solo incluso cuando estás cerca».

Ser consciente de ello es el primer paso para un verdadero diálogo. La experiencia personal de muchas parejas demuestra que si aprendes a descifrar el lenguaje de las peleas «sin sentido», éstas pierden su poder destructivo.

Empiezas a verlas no como un problema, sino como un síntoma, una señal de que en alguna parte del sistema de relaciones hay un sobrecalentamiento. Y entonces, en lugar de gritar por los platos, puedes decir: «Creo que los dos estamos al límite. Hagamos una pausa y hablemos tranquilamente de lo que realmente nos preocupa».

Por supuesto, no todos los altercados domésticos son una cifra. A veces la gente simplemente está cansada y se desahoga.

Pero si esas escenas se han vuelto frecuentes y con una gran carga emocional, merece la pena reflexionar. Tal vez se haya acumulado entre vosotros el hielo de lo no dicho, y las pequeñas peleas son las grietas de este hielo, a través de las cuales se abre paso el verdadero dolor.

Cuando dejáis de pelearos en la periferia y encontráis el valor para hablar de lo que es importante, ocurre algo asombroso. Los irritantes menores pierden su poder sobre ti.

Te das cuenta de que los calcetines son sólo calcetines, no un símbolo de falta de respeto universal. Y esta toma de conciencia trae un alivio y una paz increíbles a la casa.

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