Por qué las aficiones compartidas no nos unen como pensamos: cómo las aficiones se convierten en un campo de rivalidad oculta

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Una afición compartida parece la forma perfecta de pasar tiempo juntos y fortalecer un vínculo.

Pero a veces es a partir de una afición común cuando nace una rivalidad silenciosa, en la que uno empieza a evaluar sin darse cuenta los progresos del otro, en lugar de disfrutar del proceso, convirtiendo las vacaciones en una competición tácita por el título de «mejor estudiante» o «más talentoso», informa el corresponsal de .

Esta transformación pasa desapercibida. En lugar de apoyo, hay consejos, que son más bien críticas, y la alegría por el éxito de tu compañero se mezcla con el fastidio de que tú mismo no seas tan bueno.

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Las aficiones dejan de ser una zona segura de recreo y se convierten en otra plataforma en la que tienes que demostrar tu valía, no sólo como compañero, sino también como «jugador». Los psicólogos explican este fenómeno por la proyección de nuestras propias ambiciones e inseguridades.

Inconscientemente dotamos a la causa común de una importancia excesiva, empezamos a verla como un reflejo de nuestras capacidades e incluso de la solvencia de la relación en su conjunto. Si somos malos bailando salsa, entonces somos una «mala pareja»: tal es la torcida lógica del crítico interior.

Los expertos en terapia recreativa de pareja aconsejan separar claramente los objetivos. ¿Hacéis ejercicio juntos por diversión y compañerismo o por resultados?

Si es esto último, puede ser una buena idea hacer ejercicio de vez en cuando por separado para no interrumpirse ni estresarse mutuamente. Hacer cosas juntos debería reducir, no aumentar, el estrés de fondo.

Es importante volver al punto original: estáis juntos para conseguir emociones positivas, no para añadir otra carrera a vuestra vida. La prueba más fácil es recordar la última vez que os reísteis juntos de un error compartido, en lugar de enfadaros por ello.

Si hace tiempo que no ocurre, es hora de cambiar de enfoque. La experiencia personal de muchas parejas que han abandonado el enfoque «deportivo» de una afición muestra cambios sorprendentes.

Cuando te das permiso para no ser ideal y simplemente hacer el tonto, la tensión desaparece. Empiezas a disfrutar de nuevo del proceso y de tener cerca a un ser querido que es igual de torpe y simpático en sus intentos.

No se trata de renunciar por completo al progreso. Se trata de prioridades. Se trata de dar prioridad a tu relación y a pasar tiempo juntos.

Y la habilidad, si llega, será un bonito extra, no un KPI de tu unión. Las relaciones ya requieren mucho trabajo, no deberías convertir el ocio también en trabajo.

Cuando una afición deja de ser un campo de ambiciones malsanas, por fin empieza a cumplir su función principal: ser un refugio del mundo en el que podéis ser sólo dos niños jugando apasionadamente al mismo juego. Y en este espacio sin evaluaciones ni comparaciones, nace una intimidad especial, fácil y sincera.

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