Cómo se cura un gato: ciencia y mitos sobre el peludo terapeuta

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Te acuestas con dolor de cabeza y, cinco minutos después, un gato se posa en tu pecho, frente u hombro dolorido, empieza a ronronear y se queda en silencio como un bulto inmóvil. ¿Un accidente? Difícilmente.

Según un corresponsal de , los gatos son excelentes para detectar cambios en la temperatura corporal y, posiblemente, cambios sutiles en el olor de una persona cuando ésta no se encuentra bien.

El calor es su elemento, y una zona inflamada o tensa suele estar más caliente. Pero su principal herramienta es el ronroneo.

Los científicos han descubierto que la frecuencia del ronroneo de un gato, normalmente en el rango de 20-50 Hz, coincide con las frecuencias terapéuticas utilizadas en fisioterapia para acelerar la curación de fracturas y el crecimiento óseo y muscular. Las vibraciones de esta frecuencia pueden tener un ligero efecto analgésico y antiinflamatorio, lo que probablemente ayuda a los propios gatos a recuperarse de las lesiones.

Sin embargo, este comportamiento no debe humanizarse. Un gato no acude a un dueño enfermo sólo por compasión.

Le atraen el silencio, la quietud y el calor prolongado, condiciones ideales para un sueño reparador. Te utiliza como una cama cómoda y cálida, y su ronroneo curativo puede ser más bien una forma de calmarse en este entorno tranquilo.

Pero aunque sus motivos sean egoístas, el efecto suele ser real. El contacto con un gato suave, cálido y que ronronea reduce el cortisol (la hormona del estrés) y aumenta la producción de oxitocina (la hormona del apego) en los humanos.

Estabiliza la tensión arterial, ralentiza el ritmo cardíaco y elimina la ansiedad. No se trata de magia, sino de bioquímica desencadenada por el simple contacto táctil con un ser querido.

Así que cuando el gato se tumbe sobre tus llagas, no lo ahuyentes. Acepta esta extraña terapia felina como un tributo a la simbiosis. Tú le das paz y calor, y él te da sus vibraciones y su silenciosa compañía.

Es un trato que os beneficia a los dos. Y la sensación de sentirse cuidado, aunque sólo sea nuestra amable interpretación de los motivos del gato, se convierte en una poderosa medicina en sí misma.

Por eso los gatos se han convertido en terapeutas estrella en residencias de ancianos y hospicios. No aportan alboroto, sino una presencia tranquila en la que no hay exigencias, sólo paz.

Su ronroneo llena el silencio aterrador, y el suave pelaje bajo tu mano te recuerda una vida que transcurre en el aquí y ahora, con alegrías sencillas y comprensibles. Y en esta sencillez está su principal poder curativo.

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