Qué pasa si plantas zanahorias junto a tomates: verdades y mitos sobre las plantaciones mixtas

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La vecindad de las plantas en el bancal se asemeja a un complejo juego diplomático, en el que algunos cultivos se convierten en aliados y otros en competidores irreconciliables.

Las zanahorias y los tomates, en contra de algunos consejos, pertenecen más bien a vecinos neutrales, que no interfieren, pero tampoco se ayudan significativamente, informa el corresponsal de .

Mucho más eficaz es el clásico haz de zanahorias y cebollas, en el que el penetrante olor de las plumas de la cebolla confunde a la mosca de la zanahoria, y los fitoncidas de la zanahoria disuaden con la misma eficacia a la plaga de la cebolla. Este es un ejemplo de cooperación ideal y mutuamente beneficiosa, probada por generaciones de jardineros.

Pero la albahaca plantada en el borde del parterre de tomates no es sólo una vecina, sino una verdadera compañera, que mejora el microclima y el sabor de la fruta. Su sabor picante enmascara el olor de las solanáceas, ahuyenta muchas plagas y suprime ligeramente el crecimiento de las malas hierbas a su alrededor.

Hay algunos verdaderos antagonistas cuyos vecinos conviene evitar para no perder la cosecha. Por ejemplo, el hinojo, que es un cultivo alelopático, suprime el crecimiento de casi todos sus vecinos, especialmente tomates, pimientos y judías, por lo que es mejor plantarlo aislado.

Los rábanos y las espinacas suelen utilizarse como cultivos baliza, sembrados en el mismo surco que plantas de crecimiento lento como las zanahorias o el perejil. Marcan rápidamente la hilera, lo que permite empezar a escardar, y para cuando crezca el cultivo principal, ya estarán en la mesa.

La experiencia demuestra que la plantación mixta funciona mejor cuando se crean hileras bien pensadas en lugar de una alfombra caótica y colorida. Los girasoles altos o el maíz pueden servir de telón de fondo para los pepinos, mientras que las calabazas o los calabacines pueden proporcionar un mantillo vivo para suprimir las malas hierbas.

El secreto del éxito radica no sólo en las interacciones bioquímicas, sino también en el uso inteligente del espacio y el tiempo. Después de cosechar rábanos o lechugas tempranas, se pueden plantar plantones de brécol o remolacha en el espacio libre, con lo que se obtienen dos cosechas de la misma superficie.

Un huerto así requiere más atención y conocimientos, pero la recompensa es de una calidad completamente distinta. Se convierte en un miniecosistema sostenible con menos enfermedades, menos plagas y un trabajo mucho más interesante, porque cada día aporta nuevas observaciones.

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