Qué pasa si no se poda un manzano en diez años: el arte de modelar la copa sin miedo

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Un árbol joven, plantado con amor, puede convertirse en pocos años en una jungla salvaje de ramas entrelazadas, donde los frutos son poco profundos y están enfermos.

La poda no es una barbarie, sino un lenguaje de comunicación con el árbol, donde cada corte es una frase, que dirige los jugos vitales en la dirección correcta, informa el corresponsal de .

El principio fundamental que hay que aprender de una vez por todas: es necesario cortar no sólo todo lo que parece superfluo, sino en primer lugar las ramas que crecen dentro de la copa, se cruzan, rozan entre sí y lobos – brotes verticales gordos que nunca darán frutos.

El mejor momento para una operación seria es a principios de primavera, cuando las heladas ya han retrocedido, pero las yemas aún no se han hinchado y el árbol se encuentra en estado latente. En ese momento, todas las heridas tendrán tiempo de cicatrizar antes de que comience el movimiento activo de la savia, y el jardinero podrá ver el esqueleto del árbol sin follaje.

Las herramientas no sólo deben estar afiladas, sino perfectamente afiladas y desinfectadas, porque un corte desgarrado es una puerta abierta a las infecciones. Una tijera de podar para las ramas finas, una sierra de podar para las ramitas gruesas y mermelada de jardinería o pasta especial para sellar las heridas son imprescindibles.

La primera poda comienza inmediatamente después de la plantación, cuando se acorta el conductor central hasta una altura de unos 80 centímetros para estimular el crecimiento de las ramas laterales esqueléticas. Parece cruel, pero así es como se establece la forma futura: cazoleta, grada o huso.

Un árbol viejo y descuidado no debe rejuvenecerse en una temporada, pues de lo contrario podría responder a ese estrés con un crecimiento exuberante de briznas o simplemente marchitarse. Prolongue el proceso durante dos o tres años, empezando por adelgazar el centro de la copa y eliminar las ramas más grandes que no crezcan adecuadamente.

Después de cualquier poda, el árbol necesita apoyo – riego y alimentación moderada – para concentrar sus energías en curar las heridas y formar nuevos brotes frutales. Pero un exceso de nitrógeno es peligroso en este caso, ya que provocará un rápido crecimiento del verdor en detrimento de la futura cosecha.

La poda verde de verano -pellizco y poda- ayuda a corregir la forma sin medidas radicales, sobre todo en los cultivos de hueso que no toleran bien la intervención primaveral. Los brotes tiernos jóvenes se pinzan simplemente con los dedos y el árbol apenas nota el procedimiento.

Lo más difícil es vencer la lástima y darse cuenta de que al quitar una rama, se da vida a una docena de otras que recibirán más luz y aire. Una copa bien formada deja pasar los rayos del sol para que iluminen todas las hojas, no sólo la parte superior.

La poda es un diálogo que se prolonga durante años y en el que aprendes a comprender el carácter de cada árbol, su vigor de crecimiento y sus hábitos de fructificación. Con el tiempo, empezarás a ver no sólo ramas, sino futuros brotes y eslabones fructíferos, y cada corte será consciente y preciso.

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