Qué ocurre si bebes agua sólo cuando te apetece: desmentir el mito de los ocho vasos

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El consejo de beber dos litros de agua al día suena tan convincente y sencillo que rara vez nos cuestionamos su origen.

Esta cifra ha tenido vida propia durante mucho tiempo, pasando de ser una recomendación generalizada a un dogma rígido, aunque la norma individual depende de cientos de factores: el clima, la alimentación, la actividad e incluso el peso y la estatura, según el corresponsal de .

Nuestro mecanismo de la sed es uno de los más precisos del organismo, perfeccionado por millones de años de evolución. Ignorar sus señales es tan extraño como ignorar el hambre o el dolor.

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Beber a la fuerza, echándose agua según un horario, supone alterar la puesta a punto de este sistema y someter a los riñones a un esfuerzo innecesario. Es importante darse cuenta de que no sólo obtenemos líquidos de un vaso.

Las sopas, las frutas y verduras jugosas, el té y el café contribuyen al equilibrio general. Si tu dieta es rica en este tipo de alimentos «húmedos», tu necesidad de agua pura puede ser objetivamente menor. Contabilizar sólo el agua que bebes da una imagen distorsionada.

La experiencia personal me ha hecho cuestionar el dogma. El terapeuta me explicó que, con mi baja estatura, mi trabajo sedentario y mi afición a la fruta, se trataba simplemente de una intoxicación por agua. Aconsejó centrarse en el color de la orina y en la sed real.

Hay dos indicadores sencillos y fiables que funcionan mejor que cualquier fórmula. El primero es el color de la orina: debe ser clara, de color pajizo.

El segundo es una sed ligera y discreta, que no debe tolerarse hasta el punto de «sequedad de garganta». Su propio cuerpo le indicará el modo óptimo. Las únicas situaciones en las que debe beber más de lo normal son la actividad física intensa, el calor o las enfermedades con temperaturas elevadas.

En estas condiciones, los mecanismos de sudoración y termorregulación funcionan al máximo, y el agua extra se convierte realmente en una necesidad, no en un ritual. Escúchate a ti mismo, no a los números abstractos.

Tu cuerpo es un sistema complejo perfectamente capaz de regular sus propias necesidades. Confía en él.

Es mejor beber unos sorbos en respuesta a una señal luminosa que beber vaso tras vaso, ignorando tus necesidades reales y sobrecargando tu sistema excretor. El agua es vida, pero su exceso es tan antinatural como su carencia.

Un régimen de bebida saludable no se basa en el miedo a la deshidratación, sino en la armonía con tus propios ritmos y señales. Renuncia al control total y deja que tu cuerpo haga lo que mejor sabe hacer: cuidar de sí mismo.

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