Admítelo: esta noche no vas a ir al gimnasio.
Después de un largo día en la oficina, la única fuerza que te queda es llegar al sofá, informa un corresponsal de .
Pero, ¿y si la clave para tener más energía y menos dolor no residiera en esfuerzos heroicos, sino en movimientos que puedes hacer aquí y ahora, sin moverte de tu escritorio ni levantarte del sofá?
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La principal idea que hay que aceptar: cualquier movimiento es mejor que la inmovilidad total. El objetivo no es desarrollar los músculos ni quemar 500 calorías. Tu objetivo es revitalizar los músculos anquilosados, hacer fluir la sangre y enviar una señal a tu cuerpo de que sigue vivo. Puedes hacerlo incluso con una falda ajustada o en pijama.
Empieza por lo más sencillo: respirar. Siéntate con la espalda recta y coloca la mano sobre el vientre. Respira hondo, sintiendo cómo se expande el vientre y no se elevan los hombros. Exhala lentamente. Repítalo cinco veces. Esto activará el diafragma y mejorará la oxigenación de la sangre que se ha estancado por un día de estar sentado.
Mientras estás sentado, puedes trabajar discretamente las piernas. Estira una pierna hacia delante, tensa el muslo y mantén la tensión durante 5-10 segundos. Baje. Repita con la otra pierna. Esta sencilla acción activa los cuádriceps y mejora el flujo venoso, la mejor prevención contra la pesadez de piernas y los edemas.
Para la espalda y los hombros, hay un ejercicio estupendo que puedes hacer contra la pared. Aléjate de tu escritorio, coloca las manos en el borde a la anchura de los hombros y haz unas cuantas flexiones. No importa la profundidad. Lo importante es sentir cómo se estira y se tensa la parte superior de tu cuerpo, que se ha quedado rígida de tanto estar parada.
En casa, frente al televisor, tómate tu tiempo para desplomarte por completo. Durante un anuncio o un diálogo largo, levántate y camina en tu sitio, levantando bien las rodillas. O haz entre 10 y 15 sentadillas, aunque sean poco profundas. Tus músculos y articulaciones obtendrán la flexibilidad y fuerza que necesitan.No es un entrenamiento, es un ritual que te ayuda a pensar y da trabajo a tus brazos al mismo tiempo. Después de una semana de esta práctica, el entumecimiento habitual de mis dedos al final del día ha desaparecido.
No esperes el momento perfecto, una forma especial o un estallido de motivación. Utiliza los minutos que ya tienes en tu agenda. Una llamada de teléfono, esperar a que se descargue un archivo, una pausa en una conversación… todas son razones para tomarte 30 segundos y devolver tu cuerpo a su estado natural, un estado de movimiento.
Tu cuerpo no es un peso que hay que llevar de la cama a la silla. Es un mecanismo que se oxida sin uso. No dejes que se ponga rígido. Muévelo, estíralo, esfuérzate poco a poco. La suma de esos «ratitos» acabará pesando más que todas esas horas que pasas en la inmovilidad.
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