Por qué olvidas cómo suena su risa: cómo la vida cotidiana borra los colores brillantes de las relaciones

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Recuerdas exactamente cómo se reía en vuestra primera cita: contagiosa, con un pícaro estrabismo.

Y ahora, años después, apenas puedes recordar ese sonido en tu memoria, según el corresponsal de .

El hogar, la rutina, una tonelada de pequeñas preocupaciones actúan como una goma de borrar, borrando poco a poco los detalles más vivos y vívidos que una vez constituyeron la esencia misma de vuestra atracción mutua. No se trata de una traición a la memoria, sino de un mecanismo de defensa de la psique, que ahorra recursos trasladando a un segundo plano los fenómenos que se repiten con frecuencia.

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Pero cuando sólo quedan en segundo plano las responsabilidades y los horarios, las relaciones pierden su dimensionalidad emocional. Se vuelven planas, como una vieja fotografía descolorida por el tiempo.

Los psicólogos hablan de la necesidad de una «reminiscencia» consciente. No nostalgia del pasado, sino recuerdo activo de las propias sensaciones, olores, sonidos que acompañaron tu intimidad.

Intenta cerrar los ojos e imaginar no a un «marido» abstracto, sino al hombre con la sonrisa que te volvía loca. Esto devuelve una dimensión de profundidad a la relación.

Los expertos aconsejan crear nuevas experiencias igual de vívidas para que tengan algo que borrar. Sean cocreadores de pequeñas aventuras, no sólo copartícipes de la vida cotidiana.

Un viaje espontáneo, un baile tonto en la cocina, reírse juntos de tonterías… son nuevas pinceladas sobre el lienzo que no dejarán que el cuadro se borre. La experiencia personal de muchas parejas que han conseguido mantener frescas sus percepciones tiene que ver con la práctica de la atención agradecida.

No sólo ver, sino darse cuenta: cómo cae la luz sobre su cara, cómo cambia el timbre de su voz cuando ella dice algo apasionadamente. Es una micromeditación a dos que devuelve la agudeza a los sentidos.

Cuando dejas de dar por sentada a tu pareja y empiezas a mirarla de nuevo como un objeto asombroso y siempre cambiante, se produce un milagro. La ordinariez retrocede, dando paso al interés. Vuelves a oír su risa porque te permites escucharla, no sólo oírla.

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