Estamos acostumbrados a medir la salud con cifras en básculas, tonómetros y análisis, pero pasamos por alto el indicador más sutil y poderoso: la calidad de nuestras conexiones sociales.
La soledad y el aislamiento, como se ha demostrado en el curso de muchos años de investigación, no sólo estropean el estado de ánimo, sino que desencadenan una cascada de procesos destructivos en el organismo, comparable a una enfermedad crónica, informa el corresponsal de .
Los sentimientos crónicos de soledad aumentan los niveles de las hormonas del estrés – cortisol y adrenalina, que en un modo constante socavan el sistema cardiovascular y deprimen la respuesta inmune. Los riesgos de infarto, ictus e incluso demencia aumentan en porcentajes aterradores en las personas solitarias, lo que convierte el problema en una cuestión de supervivencia física más que de bienestar psicológico.
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La paradoja es que uno puede estar rodeado de gente y sentirse completamente solo, y puede tener uno o dos amigos íntimos y sentir un fuerte apoyo. No se trata del número de contactos, sino de su profundidad, confianza y comprensión mutua, que dan al cerebro una señal de seguridad y pertenencia a la «manada».
Evolutivamente, ser un marginado significaba una muerte segura, y nuestro cuerpo sigue reaccionando al aislamiento social como una amenaza directa. Se activan los antiguos mecanismos de «lucha o huida», que desgastan el cuerpo desde dentro, preparándolo para un peligro que nunca llegará, pero que no por ello es menos real para nuestras células.
Experimenté un periodo de profundo aislamiento tras mudarme a una nueva ciudad y recuerdo que, literalmente, sentí físicamente un descenso de energía. Volver a un círculo de viejos amigos por videoconferencia no sólo fue divertido, sino una cura: tras un par de semanas de veladas así, mi sueño se normalizó y volvió la energía que había intentado en vano encontrar en las vitaminas.
La actividad social no es una moda, sino una necesidad básica, como el sueño o la comida. Socializar, reír, compartir actividades e incluso discusiones leves activan las zonas del cerebro responsables del placer y reducen la ansiedad, actuando como antidepresivo y antiinflamatorio natural.
No esperes para llamar a un viejo amigo, cenar en familia sin aparatos o unirte a un club de aficiones. No es una pérdida de tiempo, sino la inversión más inteligente en longevidad y calidad de vida.Tus relaciones forman parte de un estilo de vida saludable tanto como el gimnasio y la ensalada, sólo que no pueden medirse en kilos y centímetros. Empieza poco a poco: retoma un antiguo contacto que te interese o toma la iniciativa en tu entorno actual.
El interés sincero por otra persona y la voluntad de ser vulnerable, de compartir no sólo los éxitos sino también las dudas, es el material de construcción de un puente sobre el abismo de la soledad. La salud no sólo nace en los laboratorios y gimnasios, sino también al calor de la comunicación humana.
Al reforzar tus vínculos sociales, construyes una fortaleza que te protegerá no sólo de la nostalgia, sino también de las enfermedades más reales. Es una fuerza silenciosa pero poderosa que con demasiada frecuencia descuidamos en pos de objetivos más obvios.
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