Por qué el terciopelo y el ajo funcionan mejor que la química: el secreto de las plantas de barrio en el huerto

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¿Y si el principal secreto de la protección de los cultivos no estuviera en la despensa con productos químicos tóxicos, sino en el parterre vecino con flores fragantes?

La naturaleza inventó hace tiempo su propio sistema de seguridad, en el que unas plantas cubren a otras, informa el corresponsal de .

El terciopelo y la caléndula no son sólo puntos brillantes de belleza, sino auténticos guardianes con una fragancia penetrante, que no toleran los nematodos, los pulgones e incluso el escarabajo de la patata de Colorado. Sus raíces liberan sustancias especiales que purifican el suelo, mientras que las llamativas inflorescencias alejan a las mariposas plaga de su col.

Si plantas una hilera de fragante albahaca junto a los tomates, no sólo mejorarás el sabor de la futura salsa, sino que ahuyentarás al odiado gusano de las solanáceas. Y la humilde hierba gatera, que tanto gusta a los gatos, se convertirá en una barrera infranqueable para las hordas de pulgas y escarabajos del suelo.

Incluso una cebolla común plantada a lo largo del perímetro de un parterre de fresas funciona como un centinela, ahuyentando a gorgojos y ácaros con su olor. Es un seto aromático que no hay que pintar ni reparar, sólo replantar.

El tándem clásico -zanahorias y cebollas- tampoco es sólo una tradición, sino una sabia estrategia. El olor de la zanahoria confunde a la mosca de la cebolla, y los fitoncidas de la cebolla hacen lo mismo con la mosca de la zanahoria, creando una inmunidad mutua.

Tampoco hay que descartar las plantas gigantes como el eneldo, el cilantro o el hinojo. Sus puntillas atraen a mariquitas, crisopas y avispas depredadoras, los comedores naturales de pulgones y orugas.

Crea un rincón en el jardín con menta, melisa y lavanda: será tu farmacia aromática y cuartel general de insectos beneficiosos al mismo tiempo. Las babosas y las hormigas lo evitarán, y siempre encontrarás una hoja fresca para tu té.

Un jardín así no se convierte en un conjunto de arriates aislados, sino en un organismo vivo integral, donde cada habitante cumple su función. Tú actúas como un director de orquesta que organiza a los músicos para que sus voces se fundan en una sinfonía armoniosa y no en una cacofonía de lucha por la supervivencia.

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