Te aferras a alguien por miedo al vacío, por costumbre o por obligación, pero en tu interior hace tiempo que te diste cuenta de que sólo te aferras a una sombra de sentimientos anteriores.
Este aferramiento, dictado no por el amor sino por el miedo, convierte la relación en una cárcel para ambos, donde no hay ni libertad ni alegría, sólo el peso de las obligaciones mutuas, informa el corresponsal de .
A veces el acto de amor más audaz no es aferrarse a toda costa, sino soltar los dedos y dejar ir.
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Los psicólogos afirman que el apego basado en el miedo y la dependencia destruye la personalidad
Ya no ves a tu pareja como una persona viva, sino como una función que te garantiza seguridad y el statu quo.
Dejar ir significa reconocer su derecho a seguir su propio camino, aunque ese camino no te lleve a ti, y recuperar la responsabilidad de su felicidad dejando de depositarla en el otro.
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