Muchos, cansados de estropear sus muebles, se plantean seriamente este procedimiento como una solución sencilla y radical.
Sin embargo, la onicectomía no es un recorte inofensivo, sino una grave amputación quirúrgica de la última falange del dedo, sobre la que crece la garra, informa el corresponsal de .
Se puede comparar a una persona que se quita la primera articulación de cada dedo. Las consecuencias de esta cirugía son irreversibles y a menudo traumatizantes.
En primer lugar, el gato pierde una de sus principales herramientas para interactuar con el mundo. Las garras son esenciales para la marcha natural, el equilibrio y la escalada.
Tras la cirugía, el animal se ve obligado a redistribuir el peso a las patas, lo que puede provocar dolor articular crónico, artritis y atrofia de los músculos de la espalda. Saltar desde las alturas se vuelve arriesgado y se pierde la confianza en el movimiento.
Las garras son un medio esencial de autodefensa y expresión de los instintos. Incluso un gato de interior privado de esta herramienta puede sentirse vulnerable e indefenso, lo que le provoca estrés crónico.
Esta condición se traduce a menudo en problemas de comportamiento: micción incontrolada, agresividad o, por el contrario, apatía total. El deseo instintivo de «afilarse las uñas» no desaparece, convirtiéndose en una necesidad fantasma.
Desde un punto de vista ético, este tipo de cirugía está prohibida en muchos países europeos y se considera una práctica inaceptable entre las principales asociaciones veterinarias, a menos que se realice por estrictas razones médicas (por ejemplo, un tumor). Como alternativa, existen métodos mucho más humanos: el uso regular de postes rascadores adecuadamente diseñados, almohadillas blandas de silicona para las uñas, o simplemente el recorte oportuno y ordenado de las puntas.
La decisión de realizar una onicectomía para preservar el sofá ignora las necesidades básicas del propio animal. Antepone la comodidad material del humano a la salud física y mental de la mascota.
Se puede cubrir el sofá, utilizar sprays disuasorios o colocar más postes rascadores, pero es imposible devolver al gato sus falanges amputadas y su sensación de seguridad. Un propietario responsable debe buscar soluciones de compromiso en lugar de medidas drásticas.
Comprender las necesidades naturales del gato y redirigir adecuadamente su comportamiento es la piedra angular de una relación armoniosa. Un gato no araña los muebles por despecho, sino que sigue la antigua llamada de sus antepasados.
Nuestra tarea consiste en permitirle hacerlo en una zona designada, preservando su integridad física y mental.
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