Cómo regar los pepinos para que no amarguen: sencillos artilugios de trastos del campo

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El secreto de los pepinos jugosos y los tomates dulces no está en los abonos mágicos, sino en la capacidad de suministrar agua a tiempo y con precisión directamente a las raíces, sin pasar por las hojas y la capa superficial del suelo.

Es el riego desigual el que a menudo se convierte en la causa del sabor amargo y el agrietamiento de los frutos, informa el corresponsal de .

Una botella de plástico ordinaria cavada con el cuello hacia abajo cerca de la raíz de un tomate o un pimiento se convierte en un pozo artesiano personal para la planta. Se llena de agua y la humedad se filtra lentamente, haciendo que las raíces crezcan hacia abajo en lugar de extenderse por la superficie.

A quienes les gusta abandonar la cama durante una o dos semanas, una maceta inteligente que utiliza un absorbente fabricado con el artículo más inesperado -un pañal de bebé- les salvará la vida. Su hidrogel, colocado en el fondo del recipiente, almacenará el exceso de agua al regar y se la dará a las raíces cuando la necesiten, evitando tanto el encharcamiento como la sequía.

Tenga por norma regar sus plantas no con agua del grifo, sino con agua templada y calentada al sol, o mejor aún, con caldo «vegetal» sobrante de cocinar la cena. Esa agua, enriquecida con microelementos hervidos de patatas o zanahorias, es como un ligero caldo vitamínico para las plantas.

Para evitar que la manguera rompa los tallos frágiles, clava tutores bajos en las esquinas de los arriates y coloca sobre ellos botellas de plástico vacías. Se convertirán en guías inofensivas, creando un «pasillo» seguro para regar, y al mismo tiempo espantarán a los pájaros con su ligero brillo y su repiqueteo al viento.

No olvides la antigua regla: riega por la mañana temprano o después de la puesta de sol, cuando el agua no se evapora instantáneamente y quema las hojas, funcionando como una lente. Una hora de riego adecuado vale más que tres horas de riego apresurado en el calor de la tarde.

El riego es el momento más íntimo con tu planta, cuando literalmente compartes con ella su fuerza vital. No lo trates como una obligación, sino como un ritual, y las plantas te responderán con toda la gratitud que puedan darte: el crujido, la suculencia y el sabor de sus frutos.

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