Cómo entender el lenguaje de la cola en un perro: descifrar señales contradictorias

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Parece sencillo: mover la cola significa que está contento. Pero un dueño experimentado sabe que un movimiento rígido de la cola alta no siempre significa amabilidad, y una «ramita» baja puede hablar no sólo de miedo.

El lenguaje de la cola es un dialecto complejo, en el que cada detalle importa: la posición, la amplitud, la velocidad del movimiento e incluso la tensión muscular en su base, informa el corresponsal de .

Una cola alta, casi vertical, sobre todo si se agita ligeramente, es más bien un signo de confianza, dominancia o incluso interés intenso, que puede convertirse en un desafío. Un perro así se siente dueño de la situación, pero sus intenciones aún no están claras.

Otra cosa muy distinta es el movimiento amplio y desparramado de la cola relajada con la participación de la parte posterior del cuerpo. Esta es la «alegría de orejas a rabo» que no deja lugar a dudas.

Un rabo metido entre las patas es una señal clásica de miedo, sumisión o estrés grave. El perro intenta parecer más pequeño, cubriendo las partes más vulnerables del cuerpo y comunicando una reticencia al conflicto.

Sin embargo, la misma cola, pero sólo ligeramente bajada y balanceándose de forma relajada, indica un estado de ánimo tranquilo y apacible en el que la mascota se siente segura. Hay que prestar especial atención a los llamados «microgestos».

Por ejemplo, un perro desconfiado puede mover sólo la punta de la cola, mientras que la base permanece rígida e inmóvil. Es un signo de concentración y posible conflicto interno: el animal no ha decidido cómo reaccionar ante la situación.

Los movimientos bruscos y espasmódicos suelen indicar irritación o agitación creciente. La regla más importante es leer siempre el lenguaje corporal en su conjunto. La cola por sí sola no significa nada.

Hay que fijarse en las orejas (sujetas o no), la boca (relajada o sonriente), el pelo de la cruz y la postura general. Un meneo alegre con una sonrisa simultánea y las orejas pegadas es una señal de peligro extremo, una advertencia antes de un ataque.

Todo el cuerpo del perro grita sus intenciones, y nuestra tarea es escuchar este grito en su totalidad. La observación en este caso salva de malentendidos.

Dedique tiempo a aprender el «dialecto» de su perro en diferentes situaciones. Su personalidad también se muestra en estos movimientos.

No sólo evitarás posibles conflictos en un paseo, sino que también aprenderás a percibir los más mínimos matices de su estado de ánimo, desde el deleite desenfrenado hasta la tranquila ansiedad que aún acecha en algún lugar de la raíz de su cola.

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