Qué hay detrás de la frase «lo que tú digas»: cómo la aquiescencia pasiva está arruinando poco a poco las relaciones de pareja.

publicado en: Familia y niños | 0

Desde fuera puede parecer un idilio: uno siempre cede, el otro siempre toma decisiones. Pero detrás de esta aparente paz a menudo se esconden enormes tensiones.

El que está constantemente de acuerdo, acumula una tonelada de rabia no expresada y la sensación de que su opinión no vale nada, informa el corresponsal de .

El que decide lleva una carga insoportable de responsabilidad por todo y anhela en secreto que su pareja tome por fin la iniciativa. Este patrón rara vez es una elección consciente.

Pixabay

Lo más frecuente es que se forme por diferencias de temperamento o por los roles de la infancia: uno está acostumbrado a ser «bueno» y a evitar los conflictos a toda costa, el otro, a llevar la voz cantante porque así era en la familia paterna. Con el tiempo, estos roles se solidifican, privando a la pareja de una dinámica sana y de respeto mutuo.

Los psicólogos hablan de la importancia de un «sano conflicto de intereses». Su ausencia no es signo de perfecta armonía, sino síntoma de que uno de los miembros de la pareja ha reprimido su voluntad.

La verdadera intimidad se construye sobre la colisión de deseos diferentes y la búsqueda del compromiso, no sobre la tiranía de uno y la rendición silenciosa del otro. Los expertos aconsejan al que siempre es inferior que empiece poco a poco: ofrezca opciones, exprese sus preferencias, aunque parezcan insignificantes.

Y al que está acostumbrado a decidir, que haga una pausa consciente y pregunte: «¿Qué te parece? ¿Qué te gustaría?». Este es el primer paso para restablecer el equilibrio.

La guerra silenciosa del consentimiento pasivo es peligrosa por su falta de obviedad. No hay disputas, tampoco gritos, pero los sentimientos mueren lentamente de asfixia.

Los miembros de la pareja dejan de interesarse el uno por el otro porque uno se ha convertido en una sombra y el otro está cansado de llevar toda la carga de las decisiones, incluidas las emocionales. Las experiencias personales de parejas que han logrado escapar de esta trampa implican conversaciones difíciles pero sinceras.

Ha hecho falta confesar: «Me da miedo decir que no porque temo que te desenamores de mí» o «Me siento sola siendo responsable de todo, necesito tu apoyo, no tu sumisión». Estas palabras se convierten en un puente hacia una relación nueva e igualitaria.

Cuando una pareja por fin se permite tener opiniones diferentes y discutirlas abiertamente, ocurre un milagro: vuelven a conocerse. Resulta que el compañero callado tiene ideas brillantes y el líder necesita apoyo.

Descubren nuevas facetas, y el amor pasa de ser un aburrido escenario «jefe-subordinado» a convertirse en un diálogo vivo y fascinante entre dos personalidades fuertes.

Lea también

  • Por qué perseguir el ideal te condena a la soledad: cómo el perfeccionismo en el amor destruye los sentimientos reales
  • Por qué el amor y el juicio no pueden vivir en el mismo corazón: cómo la crítica convierte a la pareja en un acusado