Por qué tus bostezos no sólo contagian a los humanos: las razones no evidentes por las que lo hacemos

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Bostezar en plena reunión y, un segundo después, la mitad de la sala hace lo mismo.

Se cree que es una forma primitiva de empatía, un vínculo social, informa .

Pero la ciencia está indagando más y resulta que el bostezo es un acto fisiológico complejo con muchas funciones alejadas del simple aburrimiento o la falta de sueño. Una de las hipótesis clave es la termorregulación del cerebro.

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Cuando su temperatura sube ligeramente (por fatiga, estrés, congestión), una inhalación profunda y una exhalación aguda durante un bostezo impulsan sangre más fría por los vasos de la cabeza, funcionando como un minisistema de refrigeración. Es como reiniciar un procesador sobrecalentado.

El contagio del bostezo también se observa en muchos animales sociales: chimpancés, perros, lobos. Un perro puede bostezar cuando ve a su dueño hacerlo.

Esto sugiere las antiguas raíces del fenómeno, relacionado no tanto con la empatía en el sentido humano, sino con la sincronización del estado del grupo. La manada debe estar lista para la acción al mismo tiempo.

Curiosamente, los niños pequeños y las personas con trastornos del espectro autista son menos propensos al bostezo contagioso. Esto confirma indirectamente la hipótesis social: para ser «contagioso», uno debe ser capaz de reconocer y reflejar los estados de los demás, y estos mecanismos pueden estar desarrollados de forma diferente en ellos.

Personalmente, me he dado cuenta de que bostezo más a menudo no cuando quiero dormir, sino cuando estoy nervioso antes de una conversación importante o intento concentrarme en una tarea difícil. Esto me resultaba extraño hasta que descubrí una investigación que relacionaba el bostezo con una mayor atención.

Moviliza el cuerpo, aumenta ligeramente el ritmo cardíaco. También hay una necesidad puramente fisiológica: bostezar ayuda a abrir los alvéolos colapsados de los pulmones, aumenta el suministro de oxígeno y «empuja» la sangre a través de los músculos rígidos del cuello y la cara.

Se trata de un poderoso reflejo difícil de suprimir porque el cuerpo insiste en llevar a cabo este importante programa. Los neurólogos señalan que los bostezos suelen preceder a los ataques de migraña o epilepsia y son un acompañante frecuente de la esclerosis múltiple.

Es una señal de disfunciones en complejos procesos neuroquímicos. Los bostezos frecuentes e incontrolables son una razón para escuchar a tu cuerpo y no sólo reírte de una conferencia aburrida.

Así que la próxima vez que te sorprenda una oleada de bostezos a una hora intempestiva, no te apresures a culpar a la falta de sueño. Puede que tu cerebro sólo esté intentando enfriarse, sincronizarse con el equipo o preparar tu cuerpo para movilizarse. Es un mecanismo antiguo y sabio, no un mal hábito.

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