Puedes hablar de devoción eterna, pero tu cuerpo delata tensión: brazos cruzados, mirada huidiza, postura distante.
Tus verdaderos sentimientos no viven en las declaraciones, sino en los microgestos, las entonaciones, la distancia que mantenemos inconscientemente, informa el corresponsal de .
Este diálogo sin palabras es a menudo más honesto que cualquier juramento y determina el ambiente en una pareja más que las frases aprendidas.
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Aprender a leer y confiar en este lenguaje significa acceder al estado auténtico de una relación.
Un abrazo sincero tras un día duro habla más alto que solemnes promesas de apoyo. Y un beso frío en la mejilla delante de todos es más elocuente que cualquier discusión.
Cuando las palabras y el cuerpo empiezan a hablar al unísono, nace la armonía que no se puede fingir.
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