Echar una cucharada de nata agria en sopa de remolacha o estofado hirviendo significa firmar su sentencia de muerte.
Bajo la influencia de las altas temperaturas y el ácido, sus delicadas proteínas se cuajan al instante, convirtiéndose en copos y grumos poco apetecibles que flotan en la sopa como si fueran lodos de requesón, y la salsa se divide en agua y grasa, según un corresponsal de .
La nata agria, la nata o el yogur natural deben introducirse en el plato en el último momento, cuando el fuego ya está apagado y la sartén sólo irradia calor residual. Entonces se extenderán suave y uniformemente, espesarán, enriqueciendo el alimento con una textura cremosa, pero no estarán sometidos a la agresión térmica.
Para garantizar el éxito, puedes hacer un pequeño truco: diluir la nata agria fría en un cazo con unas cucharadas de caldo templado, pero no caliente, de la olla, y luego aderezar el plato principal con esta mezcla homogénea. Este método evita sorpresas y garantiza un resultado aterciopelado.
Una vez que se comprende esta sencilla química, se deja de ver la nata agria como un simple aditivo. Empiezas a verla como una compañera delicada que requiere unas condiciones especiales, pero que paga generosamente tus respetos con ternura y un sabor acabado y redondo que sería imposible sin ella.
Lea también
- Qué pasa si cortas el pan caliente: cómo la impaciencia desmenuza la miga y la reputación
- Por qué el plato quiere ir al congelador: cómo la vajilla fría está cambiando las reglas del servicio
