Caminar con regularidad puede sustituir a la mitad de los medicamentos de su botiquín: una visión poco convencional de las actividades más básicas.

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Buscamos la salvación en entrenamientos complejos y suplementos caros, pasando por alto la herramienta más sencilla y probada.

Caminar no es sólo desplazarse del punto A al punto B, sino un ejercicio vertical y rítmico que desencadena al mismo tiempo decenas de procesos curativos en el organismo, según un corresponsal de .

El sistema cardiovascular recibe un entrenamiento ideal, dosificado y sin sobrecarga.

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Caminar con regularidad a un ritmo moderado enseña al corazón a trabajar de forma económica, reduciendo gradualmente la frecuencia cardiaca en reposo y normalizando la tensión arterial de forma mucho más natural que los fármacos químicos.

El sistema linfático, a diferencia del circulatorio, no tiene bomba propia. Depende de la contracción de los músculos circundantes.

La contracción y relajación dinámica de la marcha es el principal motor de este mecanismo de «alcantarillado» responsable de la inmunidad y la limpieza de los tejidos.

El fondo hormonal se ajusta suavemente con cada paso. Los niveles de cortisol y adrenalina se reducen, y la producción de endorfinas y serotonina recibe un estímulo natural.

No se trata de una acción puntual, sino de una reprogramación suave de la respuesta al estrés hacia una mayor resiliencia.

Tras una operación importante, mi abuelo empezó su recuperación no con pastillas, sino con paseos de cinco minutos por el pasillo del hospital.

Los médicos lo llamaban el mejor estimulante del peristaltismo, un remedio contra las escaras y la neumonía. Salió del hospital más rápido que los demás, apoyándose con confianza en un bastón.

Las articulaciones no se nutren a través de la sangre, sino del líquido sinovial, que se segrega con el movimiento como el agua en una esponja. Sin caminar, se «encogen» literalmente.

Sólo así les llegan nutrientes y se eliminan los productos de descomposición, lo que previene la artrosis.

El cerebro entra en un estado de atención suave y no dirigida durante un paseo tranquilo por la naturaleza. Es en esos momentos cuando a menudo se nos ocurren soluciones innovadoras y se reduce la ansiedad. Es la antítesis de estar sentado concentrado durante horas, que agota los recursos mentales.

La estructura esquelética se adapta al estrés aumentando la densidad ósea. Para las mujeres posmenopáusicas, se trata de una prevención directa de la osteoporosis, de efecto comparable al de algunos medicamentos, pero sin los efectos secundarios. El hueso que se pisa se fortalece.

No hay que fijarse como objetivo la velocidad o la distancia. El parámetro clave es la regularidad. Es mejor caminar un kilómetro cada día que diez veces al mes.

El cuerpo aprende y cambia a partir de señales repetitivas, no de rachas heroicas que percibe como una emergencia.

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